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Hipertrofia prostática benigna y cáncer de próstata

4 octubre, 2019

La hipertrofia prostática benigna (hiperplasia nodular, BPH) ocurre casi con exclusividad en las zonas transicional y periuretral y conduce a una obstrucción parcial o total de la uretra.

Una teoría de amplia aceptación acerca de la patogénesis de la BPH se relaciona con la acción de la dihidrotestosterona (DHT). La DHT se sintetiza en las células del estroma por conversión a partir de testosterona circulante en presencia de 5a-reductasa. Una vez sintetizada, la DHT actúa como agente autocrino sobre las células del estroma y como sustancia paracrina sobre las células epiteliales glandulares lo cual determina su proliferación.

Se cree que al alcanzar los 80 años todos los hombres han desarrollado BPH en mayor o menor medida. Las opciones disponibles para el tratamiento de la BPH son varias. Los tratamientos no invasivos incluyen fármacos (bloqueadores de los receptores a) para relajar el músculo liso prostático y disminuir la presión sobre la uretra comprimida. Ensayos clínicos han demostrado que los inhibidores de la 5a-reductasa disminuyen la concentración de DHT y así reducen el tamaño de la próstata y la obstrucción uretral.

Las opciones de tratamientos con invasión mínima utilizan energía de radiofrecuencia, de microondas o láser para destruir el tejido prostático que causa la obstrucción uretral. Estos procedimientos comprenden la coagulación láser intersticial (ILC), la hipertermia por microondas y la ablación transuretral con aguja (TUNA: transurethral needle ablation).

Por último, varios procedimientos quirúrgicos se utilizan para extraer regiones hipertrofiadas de la próstata. Éstos comprenden la incisión prostática transuretral (TUIP: transurethral incision of the prostate), una extirpación transuretral más extensa de la próstata o prostatectomía transuretral (TURP: transurethral resection of the prostate) y, más recientemente, una modificación del procedimiento TURP que utiliza energía láser para vaporizar el tejido prostático y recibe el nombre de vaporización fotoselectiva de la próstata con sistema láser de luz verde.

Cáncer de Próstata

El cáncer de próstata es uno de los cánceres más comunes en el varón: el riesgo de adquirir cáncer prostático es 16,7% (1 de cada 6). La incidencia del cáncer prostático aumenta con la edad y se calcula que lo padece el 70% de los hombres entre los 70 y 80 años.

Los tumores suelen desarrollarse en la zona periférica de la glándula. Antes, la detección temprana era infrecuente porque la proliferación anómala del tumor no comprime la uretra y no produce síntomas que necesiten atención inmediata. En consecuencia, el cáncer de próstata a menudo ya era inoperable para el momento en que se descubría. Sin embargo, a fines de la década de 1980, la introducción de las detecciones de PSA (antígeno prostático específico) para el cáncer prostático ha aumentado en forma espectacular el diagnóstico temprano de esta enfermedad.

Su uso en conjunción con el tacto rectal anual de los programas de detección del cáncer prostático ha aumentado significativamente el diagnóstico temprano de la enfermedad. Las detecciones de PSA del cáncer de próstata son controvertidas. Más recientemente, estudios epidemiológicos de amplio alcance han permitido comprobar que la proporción de hombres a quienes se diagnostica cáncer de próstata pero que nunca desarrollan problemas clínicos asociados, puede variar entre un 23% y un 66%. El criterio actual es que el valor de la detección de cáncer de próstata en la mayoría de los casos es bajo debido al hecho de que para la mayor parte de los hombres las probabilidades de lesión a raíz de las prácticas de detección (evaluaciones repetitivas, tratamientos agresivos y ansiedad del paciente) superan las probabilidades de beneficio.

Por lo tanto, la detección de cáncer de próstata que utiliza la evaluación de PSA en la actualidad se considera controvertida entre los profesionales de la salud y las organizaciones que publican las pautas y recomendaciones para dichas prácticas destinadas a los profesionales de la salud.

El sistema de gradación más difundido para predecir el comportamiento del tumor y el índice de supervivencia de los pacientes con cáncer de próstata, se conoce como puntaje de Gleason. Se evalúa el tejido de dos biopsias de las regiones más grandes de cáncer prostático y se le asignan grados que van de 1 a 5.

El grado 1. Indica células bien diferenciadas que constituyen la forma de cáncer menos agresiva y de crecimiento más lento.

El grado 5.  Se otorga a las células poco diferenciadas que son características de los cánceres de crecimiento más rápido. Estos grados, cuando se suman constituyen un puntaje de Gleason entre 2 y 10. Cuanto más alto el puntaje mayor la posibilidad de que el cáncer prolifere y se disemine con rapidez.

El tratamiento del cáncer consiste en cirugía, radioterapia o ambas modalidades para los pacientes con la patología localizada. El tratamiento hormonal es el tratamiento de elección para el cáncer avanzado con metástasis. Dado que las células del cáncer prostático dependen de los andrógenos, el objetivo del tratamiento es privarlas de testosterona por medio de la orquiectomía (extirpación testicular) o por medio de la administración de estrógenos o agonistas de la hormona liberadora de gonadotrofinas (GnRH) para suprimir la producción de testosterona. A pesar del tratamiento, el pronóstico de los pacientes con metástasis no es bueno.

Hiperplasia prostática benigna (BPH)

Esta fotografía muestra un corte transversal de la próstata, sometida a intervención quirúrgica, de un paciente con BPH. El corte muestra una zona transicional alargada con múltiples nódulos hiperplásicos bien definidos que comprimen la uretra prostática. Obsérvese la apariencia normal del tejido en la zona periférica. Fotomicrografía de glándulas prostáticas que muestra la hipertrofia del epitelio que cubre las glándulas. Obsérvese que las células forman pliegues que sobresalen en la luz de las glándulas.