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Lo que tienes que saber sobre el Hígado

10 octubre, 2019

El hígado es la glándula más grande de todo el organismo y la víscera de mayor tamaño. Es singular porque recibe su irrigación principal desde la vena porta hepática, que trae sangre venosa desde el intestino delgado, el páncreas y el bazo. Por lo tanto, el hígado está ubicado directamente en la vía que transporta materiales absorbidos en el intestino. Esto le permite ser el primero en estar expuesto a los sustratos metabólicos y a las sustancias nutritivas. También lo convierte en el primer órgano en sufrir la exposición a sustancias tóxicas y nocivas absorbidas en el tubo digestivo. Una de las principales funciones del hígado es degradar y conjugar las sustancias tóxicas para tornarlas inocuas. Sin embargo, puede dañarse gravemente por un exceso de estas sustancias.

Cada célula hepática (hepatocito) posee funciones exocrinas y endocrinas. La secreción exocrina del hígado, denominada bilis, contiene productos de desecho degradados y conjugados que se devuelven al intestino para su eliminación. La bilis también contiene sustancias que se unen a los metabolitos en el intestino para contribuir con su absorción. Una serie de conductos de diámetro y complejidad crecientes, que comienza con los canalículos biliares situados entre los hepatocitos individuales y termina con el conducto biliar común (colédoco), transporta la bilis a partir del hígado y la vesícula biliar hasta el duodeno.

Se emiten secreciones endocrinas del hígado directamente a la sangre que abastece a los hepatocitos; estas secreciones incluyen albúmina, globulinas y no inmunes, la protrombina y glucoproteínas como la fi bronectina. La glucosa, liberada del glucógeno almacenado, y la triyodotironina (T3), el producto más activo de desyodación de la tiroxina, también se liberan directamente en la sangre.

Las unidades funcionales del hígado, que pueden ser lobulillos o ácinos, están formadas por láminas de hepatocitos anastomosadas e irregulares, separadas entre sí por las sinusoides sanguíneas.

Los parénquimas hepáticos se manifiestan de tres modos en relación con la unidad funcional: lóbulos «clásicos», lóbulos portales y acinos. El lobulillo clásico es una región de tejido casi hexagonal que posee en su centro la vénula hepática terminal (vena central) y en sus seis ángulos los espacios portales (tríadas portales) cada uno con una rama de la vena porta, una rama de la arteria hepática y un conducto biliar. El lobulillo portal presenta una configuración triangular que pone de relieve la función secretora exocrina. Su eje es el conducto biliar del portal en tríada del lóbulo clásico y sus tres lados exteriores son líneas fantasiosas delimitadas entre las venas centrales más cercanas a la tríada portal. El acino hepático ofrece la mejor correlación entre la perfusión sanguínea, la actividad metabólica y la patología hepática. Acino es una pequeña masa de tejido en forma de romboidal con el siguiente eje menor las ramas delgadas de la tríada portal que transcurren a lo largo del límite entre lobulillos clásicos con dos lineas principales trazada más cercanas entre las dos venas centrales al eje menor. Los hepatocitos en cada ácino se describen dispuestos en tres zonas elípticas concéntricas alrededor del eje corto; la zona 1 es la más cercana y la zona 3 es la más lejana a este eje.